Los lunares —también llamados nevos— son una de las lesiones cutáneas más comunes. La mayoría son totalmente benignos y permanecen estables durante años.
Sin embargo, algunos pueden cambiar con el tiempo y requerir una revisión dermatológica para descartar riesgos, especialmente relacionados con cáncer de piel.
Conocer las señales de alerta y las opciones de tratamiento disponibles es fundamental para cuidar tu salud.
¿Qué son los lunares y por qué aparecen?
Los lunares son acumulaciones de melanocitos, las células que producen pigmento.
Pueden ser congénitos (presentes desde el nacimiento) o adquiridos, y su número aumenta con la exposición solar, factores genéticos y cambios hormonales.
Es normal tener entre 20 y 40 lunares en la edad adulta. Lo importante es conocer tu piel y vigilar cualquier cambio.
¿Cuándo revisar un lunar? La regla ABCDE
La mayoría de los lunares son inocuos, pero ciertos cambios pueden indicar riesgo. La regla ABCDE es una guía sencilla y confiable:
- A – Asimetría: una mitad del lunar no se parece a la otra.
- B – Bordes irregulares: con picos, difusos o poco definidos.
- C – Color variado: tonos negros, cafés, rojizos o azulados en la misma lesión.
- D – Diámetro: mayor a 6 mm, aunque algunos melanomas pueden ser más pequeños.
- E – Evolución: cualquier cambio en semanas o meses (forma, tamaño, color, picazón, dolor o sangrado).
También se recomienda revisar:
- Lunares que aparecen después de los 30 años.
- Lesiones que se irritan por roce constante.
- Lunares “diferentes” al resto (el fenómeno del “patito feo”).
- Cualquier lunar que genere duda.
Ante cualquiera de estas señales, lo ideal es acudir con un dermatólogo certificado.
¿Qué sucede en una consulta dermatológica?
El especialista evalúa tus lunares visualmente y, si es necesario, utiliza una dermatoscopia, una herramienta que permite observar detalles invisibles a simple vista. En casos específicos, puede sugerirse un seguimiento fotográfico para monitorear cambios con el tiempo.
Tratamientos dermatológicos para los lunares
El tratamiento depende completamente del tipo de lunar y del diagnóstico. Algunas opciones incluyen:
1. Observación y seguimiento
Para lunares benignos sin cambios preocupantes. El dermatólogo establece un control cada cierto tiempo.
2. Extirpación quirúrgica
Es el tratamiento más recomendado cuando el lunar es sospechoso o molesto.
Incluye la eliminación completa del lunar y un estudio histopatológico para confirmar el diagnóstico. Es un procedimiento seguro y con anestesia local.
3. Afeitado o “shaving”
Indicado para lunares superficiales y claramente benignos. El dermatólogo rasura la lesión dejando una cicatriz mínima. No se utiliza cuando existe sospecha de malignidad.
4. Láser dermatológico
El láser puede mejorar la apariencia de algunos lunares estéticos (no pigmentados o muy superficiales).
No se usa en lunares con sospecha de cáncer, ya que impide obtener una muestra para analizar.
Prevención: lo más importante
- Usa protector solar diario (FPS 30 o más).
- Evita bronceados intencionales.
- Revisa tu piel una vez al mes.
- Toma fotos de tus lunares para detectar cambios.
- Realiza una revisión profesional al menos una vez al año.
Los lunares son parte natural de nuestra piel, pero conocer sus cambios es clave para detectar problemas a tiempo.
Si notas signos de alerta, molestias o simplemente tienes dudas, acude a un dermatólogo. La detección temprana salva vidas.
Siempre recuerda consultar con tu dermatólogo y/o dermatopatólogo de confianza antes de iniciar cualquier tratamiento o rutina de cuidado de la piel. Tu salud merece atención profesional.




